Indómitos efluvios de oro
Emergen de la insondable belleza de tu rostro
Tu mirada segura e imperturbable
Se torna delicada ante mis ojos
Las manos que encierran el misterio de tu pecho
Se abren como alas en su vuelo
Todo el brillo del sol me inunda
Al contemplar el furor oculto en tu piel
La belleza lejana de mis sueños
Se desliza exquisita ante mi pecho
Domingo 25 de febrero de 2012
Domingo 25 de febrero de 2012
Así de simple como soy, princesa.
ResponderEliminarLa belleza no emana de mi, sino de tí.